El futuro sigue siendo incierto e inseguro para los egipcios tras las últimas jornadas de protesta contra el gobierno del presidente Hosni Mubarak, no dirigidas por ningún partido, figura política o ideología en particular. Mientras las protestas alcanzaron su sexta jornada, las pruebas de los saqueos e incendios en tiendas y automóviles eran evidentes en toda la ciudad. En varios barrios podían verse hombres apostados con kalashnikovs y bastones, contaron testigos, mientras algunos residentes salieron a la calle para garantizar la protección de sus propias viviendas. En el centro de El Cairo, todavía plagado del olor de los gases lacrimógenos, los manifestantes seguían saliendo a la calle, como prueba de que la decisión de Mubarak de disolver y renovar su gabinete de gobierno no satisfizo a la población. Pero al mismo tiempo, los egipcios expresaban su preocupación por la seguridad y el futuro político del país. "Estoy feliz porque esto está elevando al fin del régimen del presidente Hosni Mubarak, pero al mismo tiempo estoy preocupado por el futuro", aseguraba el profesor Amani el-Sayed. "¿Quién va a dirigir este país?", se preguntaba. El rápido ritmo de las protestas tras su inicio el martes aparentemente no sorprendió sólo al gobierno, sino también a la oposición, afirman observadores locales. Ningún líder político o grupo particular se ha situado al frente de las mismas y varios grupos opositores, incluyendo la popular Hermandad Musulmana no expresaron en un inicio su apoyo a los manifestantes. Los egipcios siguen insistiendo en su derecho básico a la democracia y debaten abiertamente sobre los dramáticos sucesos que están teniendo lugar en el país, donde los muertos ya se cifran en 150. "¿Por qué apoyan las protestas?", preguntaba un hombre a gritos a otro desde el metro. "¿Quieren que tomen el poder los Hermanos Musulmanes? ¿Quieren ser gobernado por una banda de matones?" "Es Mubarak y su gobierno los que las han provocado y hecho inevitables", contestaba otro.